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SOBRE ARDE PLEGARIA. POR ENMANUEL NÚÑEZ

Cuando leí arde Plegaria, el recién publicado poemario de Liwin Acosta en LP5 Editora, me dejó la sensación de abandono cuando terminas un libro muy querido. Pasa el tiempo y

Gladys Mendía 4 años ago 26
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Cuando leí arde Plegaria, el recién publicado poemario de Liwin Acosta en LP5 Editora, me dejó la sensación de abandono cuando terminas un libro muy querido. Pasa el tiempo y me confirmo que la poesía joven venezolana es una bomba de tiempo lista para romper la muralla.

La lectura de la poesía es lenta y contemplativa, a diferencia de la prosa que describe, muestra con precisión, el poema es una condensación de sentido que se multiplica con cada lectura. El poeta, quien es un lector privilegiado, teje un discurso que evita la realidad en la que su lector está. Tal es su atemporalidad. La poesía sacude, crea artificio, hace dudar, transforma. arde Plegaria, conjura.

Desde la voz poética inocente, parece que un niño nos describe el mundo. La imagen imposible de «tiburón encallado en la orilla de mis pasos» o «le cave una tumba en mi ojo» cobra una ternura infinita en el texto. No quiere decir que arde Plegaria sea un fruto de la ingenuidad juvenil. Por el contrario, es de una cuidada limpidez. Su verso es preciso, muestra de años de trabajo, una gran reflexión de lenguaje donde muestra al mundo con una liviana luz renovadora. Hay un cuidado minimalista donde la ternura cubre el mundo donde con fe violenta se ora por develar la tranquilidad del otro yo al que se enfrenta la voz poética que se conjura verso a verso. Decir más implicaría explicar demasiado el hechizo que se teje dentro del libro, pero hace falta mostrar que arde Plegaria es un espejo roto puesto frente a la infancia que se reconstruye a través de fragmentos, memorias y deseos.

Aquí estaremos esperando más de este autor cuyo camino apenas comienza.