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DMITRY KALMYKOV (Elistá, 1986) Narrativa rusa actual

      DMITRY KALMYKOV (Elistá, 1986). De 2004 a 2010 estudió en el Instituto Literario Gorky a distancia, el seminario de V. V. Orlov. Publicó sus obras en las revistas “La

Gladys Mendía 6 años ago 26
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DMITRY KALMYKOV (Elistá, 1986). De 2004 a 2010 estudió en el Instituto Literario Gorky a distancia, el seminario de V. V. Orlov. Publicó sus obras en las revistas “La Amistad de los Pueblos”, “La Bandera”, “La Juventud”, “El Imperio del Espíritu”, la antología “El Bulevar de Tver, 25”, “Letras”, “Belkin”, “La Concordancia de los Tiempos, 2011”, “Gvideón”, “Volga”. Miembro del círculo literario “Belkin” anexo al Instituto Literario Gorky. Participante de la conferencia de los escritores jóvenes adjunto a la Unión de los Escritores de Moscú – 2011-2014. Miembro de la Unión de los Escritores de Moscú. Laureado del Premio Voloshin 2012 en la sección “Prosa”. Autor de la novela Las Notas del Maestro Provincial P. G. Carudo.

Traducción al castellano por Olga Slyunko

Revisión por Gladys Mendía

 

 

CARPA

-¡Ella dice huele a algas! ¡Qué tonta de verdad! –Misha se rió y arregló el cinturón de seguridad puesto sobre el freno de mano.

El motor traqueteaba y zumbaba, el viento silbaba entre los vacíos de la ventana lateral y en los huecos del piso podrido, pero ninguno de los sonidos podía callar la palabrería de Misha.

-Todo eso le metió la suegra. Imagina, me dice que yo no coma carpa, porque tiene mucha espina. ¡Qué tonta! ¿Cómo vivió tantos años con semejante mente torcida? ¡Ja-ja! ¿Y qué con las espinas? ¡Ni masticas, sacas la espina y comes la carne! ¡Y la carpa es un pez excelente! Especialmente ahumado. También está bueno frito o al vapor. Coño, ya me dio hambre. Mira ¿Qué hay de tragar?

Vasya apenas tocó el pasador y la tapa angular se cayó mostrando la boca oscura de la guantera del Jhiguly[1]. Cayeron susurrando el montón de papeles a sus pies. Vasya se puso a recogerlos.

-Déjalo, es pura tontería, – lo paró Misha. – Toma mejor la bolsa.

La mano de Vasya tomó una bolsa pesadita. El pan blanco, el jamón ahumado y una navaja con un diseño grueso de ardillaencima de la manilla. Vasya se puso a hacer sándwiches. Con el traquetear del auto, el cuchillo se deslizaba constantemente y Vasya lo dirigía con cuidado, así que los pedazos de pan y jamón salían de dos dedos de grosor.

-¡Qué vaina! ¡Barriga llena, corazón contento! – dijo Misha, mirando el sándwich que le pasaban.

Vasya quitó las migas de las rodillas y guardó de nuevo los restos de pan y jamón en la guantera.

-Lenka me dijo que tú estás como deprimido, – Misha estaba ronco por haber tragado el sándwich en seco. – Y yo la conozco hace rato. Pero tranquilo que no tuve nada con ella. Sólo éramos vecinos en Kalitna. Íbamos a la misma escuela. Aunque sea diez años menor que yo, recuerdo cómo le puede sacar la piedra a uno. Su madre le rompió más de un rastrillo en la espalda. ¡Ja-ja! Siempre venía a la bodega y compraba dos rastrillos – uno para usar y el otro para Lenka. Claro que con semejante carácter a cualquiera lo vuelve loco. Pero yo conozco un remedio. Vamos contigo a Himky a la calle de Butakov, ¡Allí en el paso peatonal hay unas reinas divinas! Yo entendí de una – tú eres fiel. Pero eso es necesario como un remedio – ¡Lo tomas y listo! Así que no hagas mala cara. El poner cachos bien hechos fortifica el matrimonio. Comprobado. Todo mejor que andar desganado, porque eso no es vida. Hay que moverse. Igual la vida te va a obligar. Por ejemplo, yo manejé la última vez en 1989, en el ejército dirigía un camión, y ahora lo necesité por trabajo, compré esta chatarra por 300 dólares y otra vez al volante. Coño, salimos tarde. Pero no importa, nos apuramos, y alcanzamos a sentarnos al lado del fuego.

Misha se dirigió al pueblo. El disco solar se escurría goteando detrás de las cimas de los pinos coloreando de rojo el cielo.

– Trae la cuerda. Está en el baúl, – Misha abrió la tienda de campaña y estaba poniendo las varillas en la tierra.

Mientras Vasya se ocupaba con la cuerda enredada, la cúpula de la tienda de campaña se elevaba no tan alta, por encima del claro y Misha prendía el fuego.

– Déjala donde estaba, – Misha señaló la pelota en las manos de Vasya. – Encontré otra.

El fuego ya estaba chirriando en la entrada de la tienda de campaña, el compresor sonaba hinchando el bote de goma. Misha agarró la caña y un bolso de pescar.

-Vamos, miramos el fondo mientras tanto.

Las tablitas grises se movían y crujían debajo de los pies de Misha y Vasya.

El muelle serpenteaba un poco entre los pilares de soporte podridos que sobresalían del agua.  Cuando llegaron al borde Vasya miró hacia atrás, el fuego, la tienda de campaña y el auto se achicaron.  De la superficie oscura del agua de vez en cuando salía el plumaje de la niebla y se deslizaba lentamente hacia la orilla. Misha puso el plomo al sedal, braceó la caña, el agua sonó suavemente lejos del muelle. Misha giraba la manilla del carrete sin prisa.

– Mira a la punta, tiene que ir abajo. ¡Eso! – Se notó que la punta de la caña se dobló. – Entonces allí hay un hueco.  A la carpa le gustan los huecos, se acuesta y es difícil sacarla de ahí.

Misha miraba la orilla en búsqueda de unas señales. – Cuando vayamos en el bote le tiramos algo. Me huele que si la carnada sirve, va a salir una bien buena. El lugar es perfecto.

El remo entró suavemente al agua.

Dos hilos delgados parecidos a las cicatrices se estiraron detrás de la pala y se disolvieron como burbujas sin peso.

– Listo, frena aquí mismo, – Misha susurró con la bolsa. – Todavía está cálida. Herví cebada y añadí maíz. A ella le gustamucho. La vez pasada picó con el maní, pero no me gusta repetir aunque sea en un nuevo lugar.

Vasya miraba cómo los pedacitos grises desaparecían en la profundidad. – lo más importante es no exagerar con la carnada. Si no – se llena y no le interesa el gancho.

Aquí el secreto es llenar a los pececitos chiquitos que son más rápidos, dejando la carpa grande con hambre, para que sienta el olor y suba desde el fondo. ¿Está claro? La carpa grande no va a venir a tus manos por su cuenta, hay que conseguirla. Bueno, a remar.

Se oscureció por completo, sólo el cielo negro sin estrellas arriba y el agua negra abajo.

– Agarra por allá. ¡Así no es! ¡Lo vas a enredar! Vasya no podía con los hilos delgados de la red, los dedos le fallaban, la red se enredaba, agarrando los botones de la ropa. – dale, desenreda. Vamos a lanzarla. Por allí, lejos, cuento hasta tres. ¡Uno, dos, tres!

La red se sumergió suavemente en el agua.

– Todo en orden. Por si pasa la policía, la red no es de nosotros, no sabemos de quien es. ¿Entendiste? Pero no te cagues, ellos son perezosos, a mí no me agarraron ni una sola vez. Mañana en la madrugada lo subimos, ponemos todo en el baúl y nos sentamos en la orilla con las cañas. Por aquí hay una procesadora de pescado, así que va a haber buena pesca. Calcula por noche unos 200 dólares. Me conocen bien en el mercado, van a recibir sin preguntar nada. Pásame el remo, de regreso remo yo.

El fuego estaba no tan alto, pero sí muy caliente. Vasya estiró hacia el fuego sus pies mojados con mucho gusto. Misha le tiró a su lado una botella de vodka y un paquete de vasos desechables. – Sirve, mientras yo pongo la mesa, – ordenó Misha y empezó a rebotar entre el auto y la fogata como una bola de ping pong.

Cuando crujió la etiqueta, la mesa del caucho de repuesto cubierto con una hoja de cartón ya estaba lista, Misha estaba abriendo las latas.

– Como si el Cristo hubiera caminado por mí, – Misha acarició su pecho y miró al vaso vacío. – ¿Cómo es lo que dices que no hay muerte? Mejor termina con eso. Lenka dijo que está preocupada por ti, que puedes suicidarte. Pero hay que vivir. ¿Crees que yo no pase por pensamientos así? ¡Ay hermano! Mi madre se murió cuando yo tenía ocho años… Cada uno puede encontrar la razón. ¿Pero para qué? Uno se siente mal cuando no se interesa por nada. Algún oficio. No trabajo, sino algo para el alma.

– Lo más importante es no dejar que se caigan las alas. Es como en la niñez, haces una silla en el liceo, la traes a la casa, tu papá te aprieta la mano, te da una palmada en el hombro, ahí mismo te sientes una persona. Pruébalo tú, haz algo. Para que a ti mismo te guste. ¡No tiene nada que ver con una silla! Hazte una  tarea y la cumples. ¿Por qué crees que me gusta pescar la carpa? Porque es una tarea compleja. Encuentra un lugar, alista los materiales, escoge la carnada, búscala y trata de agarrarla. ¡Esa no es una sardina! A la carpa hay que  engañarla, vencerla.  Bueno, también siempre se puede comprar una carnada especial, revisar todo el fondo con un sonar. ¿Y tú qué crees? ¡El sonar ahora se vende regalado! Pero así no es interesante. Eso es de lo que estoy hablando. Resulta que con todas esas vainas como que la atrapas y agarras seguro. Pero prueba actuar con tu astucia, ¡Así vas a respetarte! Dime si te estoy aburriendo. No te avergüences. Yo tampoco lo necesito mucho, solo que Lenka me pidió el favor. Como si yo te devolviera a la familia, ¡ja-ja! Pero por mí, la solución es que te acuestes con otras mujeres, y vas a estar como nuevo. El agua estancada se empicha rápido. Tú eres un buen tipo, pero necesitas una sacudida. ¿Сómo  que no va a funcionar? ¡Olvídalo! ¿Cómo que no hay sentido? Con semejantes pensamientos, hermano, lo único que te queda – hundirse en el fango, ¡ja-ja!  Vamos a tomar otra más, para no hablar tanto.

Misha se calmó con la misma velocidad que hacía las cosas. Se hizo completamente invisible en el sueño, su ronquido no se oía en el claro y no inflaba las paredes de la tienda de campaña, él no se movía ni murmuraba. Como si Misha se hubiera desaparecido por completo.

Vasya se acercó al agua. Las nubes nocturnas se aclararon, el aire se puso gris y húmedo. Acostado en el muelle Vasya se puso a escuchar. El silencio se disolvió poco a poco con el sonido del agua, el zumbido de los mosquitos, el susurrar de los arbustos, el canto de las ranas. Vasya estaba acostado en las tablas húmedas, absorbiendo los sonidos y sensaciones. El viento venía con ráfagas lentas y suaves, zumbaba llamando debajo de las maderas. El sonido del agua se ponía inquieto e impaciente. Vasya se paró, se quitó la ropa rápido y fue caminando hacia el borde del muelle, ahí otra vez se acostó en el mismísimo borde, con su coronilla sobresaliendo encima del agua.  El aire frío quemaba su piel. Vasya sentía como en todo el cuerpo a través de las redes de los capilares y los canales de venas fluía la sangre caliente. Él volteó la cabeza hacia un lado y se aplastó rápido, la nariz y la boca se estiraron hacia adelante, Vasya quería parpadear, pero sus párpados habían desaparecido. Sentía como si todo el cuerpo se hubiera pegado, se convirtió en gelatina y otra vez se puso rígido.  Los órganos, huesos y músculos se hicieron un solo terrón que otra vez se fue deshaciendo, y poco a poco fue transformándose en otra estructura. Vasya estaba quemándose desde adentro, lo punzaban y cortaban, rompían y jalaban. Él quería gritar, pero la boca se abría y se cerraba silenciosamente. Vasya se retorcía del dolor, golpeaba las tablas con la cola, trataba de soltarse, saltar por encima del cuello, el aire frío le quemaba las branquias. Desesperado Vasya hacía un tirón tras otro, con la mirada turbia veía el borde del puente, pero estaba demasiado lejos. Las tablas empezaron a temblar debajo de su cuerpo. Desde la niebla gris apareció una figura humana.

– ¡Coño, qué grande es! – Misha agarró hábilmente la carpa por debajo de las branquias. – ¡Vasya! ¡Vasya! ¿Dónde estás?¡Levántate! Parece que traes buena suerte, ¡ja-ja! Nadie va a creer, un semejante hipopótamo se tiró él solo del agua. ¿Oíste?¡¿Dónde estás?! ¡Vasya! Mejor dicho es tuya la pesca. ¡¿Dónde carajo estás?!

La carpa tiró la cola nerviosamente y casi se deslizó de las manos de Misha.

– Bueno, carpita, ya dejaste de nadar, –  Misha se sentó en cuclillas, apretó el pez con los cachetes contra las tablas para que el cuerpo no tocara la madera y presionó rápido, rompiéndole a la carpa la espina dorsal. – Lenka va a estar muy contenta…

 

[1] Auto antiguo y de uso popular en la Unión Soviética.