Eduardo Borjas Benítes (Lima Perú, 1984) Estudió lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal (Lima-Perú). Poemas suyos aparecen en algunas revistas y publicaciones colectivas como: Morada Poética (2007), Cuervo Iluminado (2010), Letra en Llamas – Mitomanías (2010), entro otros. Dirige el sello Vagón Azul Editores. Actualmente realiza consultorías, en producción de textos de comunicación, para el Ministerio de Educación |
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Blackout
Allá entre los cables enredados que le crecen a los postes clavados en el suelo Allá en el tremor tímido de las luces yo escribo por amor este poema en los parachoques para que la muerte duela menos
Poema para Editarte
Once años después te encontré en la misma calle te pregunté qué fue de tus sueños tus sueños que eran el dolor de aquella noche cuando ebrio cerraste los ojos y te echaste a correr por el centro / Tu sueño comenzaba en los paneles comerciales proyectados con violencia en la mirada de una niña que vendía frunas en la Av. Alf. Ugarte tu dolor proseguía en los muslos desnudos de las prostitutas que morían en pie de cara al crudo invierno por esas calles sicodélicas meadas se arrastraba pesado tu sueño / tu dolor que era también el sueño y el circuito de la sangre en los hospitales y en el cuerpo que era el mismo sueño de un sinfín de piedras bloqueando las carreteras del sur pero nada interrumpía a tu sueño que en su camino equivocado al sol insistía en tirarse por la ventana cada tarde nada lo interrumpía ni siquiera la voz de la muchacha gritando en la plaza Dos de Mayo que ella era la luz que iluminaba ese paisaje de muros calcinados la luz que prestaba su luz a los postes y hacía reverdecer los cables en los campos en medio de una cruel ola de accidentes tú perseguías a la muchacha que trazaba círculos vacíos triángulos perfectos en su depresión por La Colmena seguías su rastro de girasoles adulterados hasta el parque universitario y entonces tu sueño provenía del dolor de no entender cómo cómo nadie puede verla / si aquella muchacha es la luz que ilumina los pasajes estrechos por los que yo voy a ciegas
Danza Antique
Hay un par de zapatos blancos obsoletos en el suelo un álbum de fotografías hay un techo y a él apuntan los dolores una escalera para salir huyendo hacia la noche largos monótonos gritos crecen en las calles periféricas archiveros llenos de historias clínicas banquetas y señalizaciones de una estación por donde nunca pasó el tren un gato de hojalata se mantiene en pie sobre un montículo de muebles raídos gallinazos y gaviotas se detienen frente al horror de las procreaciones un roedor que se multiplica se abre paso entre los cadáveres que se multiplican y abren paso del amor eso queda un espasmo lúdico cuelga de los faroles una gaita enferma apresura su música profana nuevaolera retrayendo los prepucios dos cuerpos semiconductores se levantan luminosos de entre los escombros como un monumento a la prosperidad se visten se desvisten irreparablemente se hacen el amor nada grafica mejor su soledad que la multitud corriendo como en un antiguo ritual del desierto
Jr. Leticia
Una explosión que precede el juego de luces y la destrucción una calle que se repite incesantemente una sombra que se oculta entre los algarrobos una voz que se prolonga siempre imitando la respiración quebrada de la noche los techos en el centro de Lima nos invitan a la muerte yo asistía tres veces por semana a leer sus epitafios y sobre los muros derruidos ecléctica la estructura del espanto nos veía combatir inútilmente la fiebre los espasmos mientras una obertura para siete instrumentos concertantes nos abría la noche entera como un arte efervescente en las paredes orinadas o como una prostituta ofreciendo el último baile con su sexo húmedo como un tubérculo pelado J. Braque recorría las mismas calles del centro buscando rituales tuaregs en las esquinas con su paleta de matices fosforescentes dibujando con trozos de tiza flores transgénicas en las aceras para inundar el ambiente de un olor nauseabundo artificial como la última exhalación del novillo en la arena para empañar tanta muerte años atrás el municipio mandó pintar los edificios de colores extravagantes: esta ciudad ya no es la nuestra
Girando en gerundio geranio jardín
los vidrios cayeron como flores muertas sobre el concreto sobre aquella geografía mutilada quieta el puente abría las piernas hacia la oscura razón del caudal amarillo emético pardos flexuosas en efluvios viroclásticos de seres refulgentes todo ecosistema colapsado sobre un plasma copulativo de cuadros enraizados a la destrucción que escapa por las ventanas por todos lados hacia el mar azul infinito irradiado de protones la vereda huele a orines a escarnio y el invierno se deshace allí sobre el desmonte acumulado: en medio de toda esa decrepitud tú y yo (ellos) girando como ciegos
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